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domingo, 2 de agosto de 2026

FORO DE DISCUSIÓN SOBRE LA LECTURA COMPRENSIVA

Luego de presentadas las pruebas Saber 11, cabría preguntarnos si ya nos hemos liberado de este tema que tal vez nos mantuvo en vilo durante varios meses, pero la respuesta sería NO. No porque seguiremos siendo medidos a través de este mecanismos o herramientas de evaluación, y por consiguiente es necesario continuar la tarea de entender y perfeccionar la lectura como clave para mejorar los resultados en este tipo de pruebas. Así, los resultados de las próximas serán cada vez mejor (en examen de admisión a la universidad Nacional, al final de una técnica, tecnología o carrera universitaria, en la prueba de admisión a un trabajo, etc.) si maduramos en lectura y superamos el obstáculo de la lectura sin comprensión.

Para el anterior propósito consideremos en primera instancia nuestra experiencia como lectores durante once o más años de estudio. En el siguiente artículo tomado de internet en https://www.nuevarevista.net/por-que-los-jovenes-pierden-habilidades-lectoras/, se plantea la problemática de la lectura tan vigente hoy como hace décadas atras.

¿Por qué los jóvenes pierden habilidades lectoras?


Los expertos sostienen que leemos menos y peor desde que internet nos hizo dependiente de las pantallas.

«Leyendo», de Carolina del Castillo Díaz


10 Abr 2024 (Act. 20 Abr 2026).


Por: John Müller. Periodista de amplia y reconocida trayectoria en medios impresos y digitales. Tras ser director adjunto del diario El Mundo y pasar por El Español, en la actualidad se dedica a la divulgación económica, la reflexión y el columnismo desde medios como ABC u Onda Cero Radio.Avance

Las habilidades de lectura de los adolescentes se han desplomado en los últimos años en Estados Unidos, con las consecuencias que ello tiene para la preparación intelectual y las expectativas profesionales de las nuevas generaciones. Así lo constata la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y diversos estudios de EE.UU. sobre comprensión lectora. Los estudiantes —señala un profesor universitario— se sienten ahora intimidados ante textos de más de diez páginas. ¿A qué puede deberse este inédito fenómeno? La pandemia del covid-19 tuvo algo que ver, si bien ya antes influían factores estructurales, y singularmente la irrupción de los móviles e internet. El estudio de la OCDE indicó que los peores resultados tendieron a estar asociados con tasas más altas de uso de smartphones para el ocio; y los expertos sostienen que leemos menos y peor desde que internet nos hizo dependiente de las pantallas. Esto es así porque —según los críticos— hemos pasado de la galaxia Gutenberg, que requería paciencia para obtener resultados, a una tecnología que prima la búsqueda de recompensa inmediata, y si esta no se produce, pasamos de pantalla. Sin contar con una preocupante derivada: los efectos negativos que para la salud mental de la generación Z tiene el uso y abuso de tales tecnologías, como apunta el psicólogo social Jonathan Haidt en su libro The Anxious Generation.

Por otro lado, modernos métodos de aprendizaje de la lectura, como la llamada alfabetización equilibrada, habían ignorado la importancia de la fonética en edad escolar, sin la cual no es posible llegar a leer bien, como han demostrado estudios cognitivos recientes. No se puede olvidar, además, que en la lectura es importante «situar el texto en su contexto» de manera que, si se reducen los conocimientos de los estudiantes se reducen sus contextos, apunta el pedagogo Gregorio Luri. La mejora del rendimiento en Misisipi, gracias a reformas de la enseñanza de la lectura —incluyendo la fonética—, ha hecho que 45 estados de EE. UU. y el distrito de Washington apliquen, por ley, estrategias de lectura respaldadas por la evidencia.

Otros factores influyen en la comprensión lectora, como se deduce de los buenos resultados registrados por Irlanda, Japón, Corea del Sur y Taiwán, países en los que se combina la disciplina social, el respeto a la familia y —no menos importante— la cultura del aplazamiento de la recompensa para lograr un fin superior.

La queja ha existido siempre, pero se está generalizando en Estados Unidos desde hace meses: muchos profesores universitarios se lamentan de la falta de hábitos de lectura entre los nuevos estudiantes. Incluso los alumnos que tienen la costumbre de leer habitualmente ya no son capaces de abordar largas lecturas. El resultado es que incluso para un texto corto, hay problemas de comprensión de los elementos básicos y ni hablar de extraer matices u otras sutilezas.

En diciembre de 2023, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), lanzó una voz de alarma al respecto. Las habilidades matemáticas y de lectura de los adolescentes están experimentando un descenso sin precedentes en docenas de países, según su encuesta más reciente sobre estándares de aprendizaje globales. El organismo dijo que había visto algunas de las caídas más pronunciadas en el rendimiento desde 2000, cuando comenzó sus pruebas, normalmente trienales, de habilidades de lectura, matemáticas y ciencias para jóvenes de 15 años.

En Estados Unidos, la Evaluación Nacional del Progreso Educativo (NAEP por sus siglas en inglés) de 2022 arrojó unos indicadores decepcionantes en lectura que muestran que el desempeño de los estudiantes ha vuelto a los niveles de 1992. Sólo uno de cada tres alumnos superó los estándares básicos de competencia.

El último estudio PIRLS (Progress in International Reading Literacy Study), sobre comprensión lectora, correspondiente a 2021, indica que la tendencia ininterrumpida al alza de este indicador en los países más industrializados del planeta se ha roto desde 2016.

El primer sospechoso ha sido la pandemia. Sin embargo, los indicadores no parecen respaldar que sea la única causa. «El covid-19 probablemente jugó algún papel, pero no lo sobrevaloraría», dijo el director de educación de la OCDE, Andreas Schleicher, en la conferencia de prensa en la que presentó los datos de diciembre. «Existen factores estructurales subyacentes y es mucho más probable que sean características permanentes de nuestros sistemas educativos que los responsables de las políticas deberían tomar realmente en serio».

La generación del iPhone

El segundo sospechoso son los teléfonos inteligentes y las pantallas. Un gran número de expertos culpan a estos dispositivos de que los jóvenes lean poco y mal. El estudio de la OCDE encontró que los peores resultados tendieron a estar asociados con tasas más altas de uso de teléfonos móviles para el ocio (y cuando las escuelas informaron de escasez de docentes). El primer iPhone salió a la venta en Estados Unidos a mediados de 2007, por lo tanto, la generación que ya nació con estos dispositivos en casa está a punto de llegar a la universidad. Pero más allá de una efeméride exacta, los expertos creen que desde que internet nos hizo dependiente de las pantallas, leemos menos y peor.

Adam Kotsko, un escritor, teólogo y profesor universitario, se lamentaba recientemente en un artículo en la revista Slate: «He estado enseñando en pequeñas universidades de artes liberales durante más de 15 años y, en los últimos cinco años, es como si alguien hubiera accionado un interruptor. Durante la mayor parte de mi carrera, asigné alrededor de 30 páginas de lectura por clase como expectativa básica, a veces las aumentaba para lecturas puramente expositivas o las disminuía para textos más difíciles. (Ningún ser humano puede leer treinta páginas de Hegel de una sola vez, por ejemplo). Ahora los estudiantes se sienten intimidados por algo más de 10 páginas y parecen alejarse de lecturas de tan solo 20 páginas sin una comprensión real. Incluso los estudiantes inteligentes y motivados luchan por hacer más con los textos escritos que extraer conclusiones descontextualizadas. Se consume un tiempo considerable en clase simplemente estableciendo lo que sucedió en una historia o los pasos básicos de un argumento, habilidades que antes podía dar por sentado».

La tecnología parece la víctima propiciatoria de estos malos resultados. El último libro del profesor de la Universidad de Nueva York y famoso psicólogo social, Jonathan Haidt, incide en este asunto desde otro ángulo. Su obra The Anxious Generation (que se publicará en español en el mes de mayo próximo con el título La generación ansiosa: por qué las redes sociales están causando una epidemia de enfermedades mentales entre nuestros jóvenes) responsabiliza a las nuevas tecnologías no sólo de la pérdida de hábitos de lectura, sino de la crisis de salud mental que se está registrando en la generación Z. Haidt propone superarla limitando fuertemente el uso de smartphones y el acceso a las redes sociales entre niños y jóvenes.

La tesis principal de los que apuntan a la tecnología es que está rehaciendo los códigos de aprendizaje. Pasamos del mundo alfabético de Gutenberg al mundo audiovisual que preconizaba Marshall MacLuhan. Pero, sobre todo, se fomenta un cambio conductual: pasamos de una tecnología que fomentaba la actitud paciente hasta obtener resultados a otra donde la búsqueda de la recompensa es inmediata y si esta no se produce, pasamos de pantalla.

Hay, sin embargo, educadores que no están de acuerdo con que se señale tan fácilmente a la tecnología. El filósofo y pedagogo navarro Gregorio Luri es uno de ellos. «Me indispone la cara de felicidad que veo en algunas personas cuando se propone prohibir algo. Somos seres tecnológicos. La tecnología no es buena o mala en sí, depende de cómo la utilicemos. Las tecnologías sólo amplifican nuestros sentidos y capacidades». Luri observa a sus nietos y su relación con las nuevas tecnologías y se muestra optimista. Pero hay que imponer límites, claro. Y añade que lo que realmente ocurre es que los padres no soportan la fricción que supone imponer límites. «No quieren dar la tabarra. Quieren que los niños les obedezcan casi sin necesidad de pedírselo».

La lectura online no es mejor

Antes de la pandemia ya había síntomas inquietantes de que algo iba mal. Los hallazgos de un estudio de casi 2.000 citas extraídas de una muestra representativa a nivel nacional de artículos de estudiantes universitarios, realizado por el Citation Project (una serie de estudios sobre el plagio, la calidad informativa y la enseñanza de la escritura), muestran que estos suelen sacar citas de la primera o la segunda página de un texto y citan esa fuente sólo una vez en su propio trabajo. Sólo alrededor del 6 por ciento de las citas examinadas fueron capaces de resumir la fuente. Por lo tanto, es casi seguro que no se habían leído las fuentes citadas o lo habían hecho superficialmente y con una comprensión limitada, señala Sandra Jamieson de la Universidad Drew e investigadora de Citation Project.

Ni siquiera la lectura online ofrece un panorama mejor. Una serie de trabajos de investigadores de la Universidad de Stanford ha comprobado que los estudiantes de secundaria, preparatoria y universidad tienen dificultades para evaluar las fuentes en línea.

Estados Unidos, un país donde los educadores han estado guerreando entre ellos durante años sobre cuál es el mejor método para enseñar a leer (si el fonético, el integral o la «alfabetización equilibrada»), es el que tiene los datos más abundantes y ha generado estudios más completos sobre el aprendizaje de la lectura. Es el sitio, además, donde la sociedad es más consciente de que la comprensión de lectura está ligada a mejores oportunidades económicas.

En los últimos años se ha producido una victoria de las posturas educativas más tradicionales frente a los métodos que pretendían innovar y enterrar el método fonético. El cambio de tendencia se produce en 2018, cuando una periodista llamada Emily Hanford empezó a analizar en una serie de podcast qué se estaba haciendo con la enseñanza de la lectura y llegó a la conclusión de que las estrategias de alfabetización de intervención temprana desarrolladas por Marie Clay y promovidas por Lucy Calkins eran incompatibles con las nuevas evidencias aportadas por la investigación educativa y cognitiva. El método de enseñanza de Clay y Calkin ignoraba la importancia de la fonética. Su podcast ayudó a lanzar un movimiento ciudadano dedicado a promover lo que se ha dado en llamar «ciencia de la lectura».

La «ciencia de la lectura» es un término que en Estados Unidos se utiliza desde la década de 1830. Pero desde entonces ha evolucionado. Hoy se refiere principalmente a la investigación cognitiva sobre lo que sucede en el cerebro de los lectores. Con frecuencia, además, es una forma de dedicar más tiempo en el aula a la fonética, con su énfasis en aprender a pronunciar las palabras, a reconocer sonidos y a silabear. Las investigaciones cognitivas han descubierto que la mayoría de los niños necesitan instrucción fonética sistemática cuando son pequeños para llegar a leer bien.

La necesidad del contexto

Así fue como, después de años de disputa casi religiosa, el método fonético ha vuelto en gloria y majestad a las aulas de Estados Unidos. Lucy Calkin, la principal defensora del método de la alfabetización equilibrada y que llegó a ser la pensadora hegemónica en el sistema educativo de Nueva York con su organización Teachers College Reading and Writing Project, ha tenido que reconocer que algo de fonética es necesario y ha visto como su centro era disuelto por la Universidad de Columbia después de cuarenta años.

«El método fonético es superior al global para enseñar a leer», subraya Luri. «Otra cosa es que después entiendan lo que leen», afirma, subrayando una cuestión que le parece central y que es la necesidad de transmitir/adquirir conocimientos. «Los problemas de comprensión lectora que estamos viendo no se deben a malos métodos de enseñanza. Por lo que sabemos, un mal lector aficionado al béisbol entiende mejor un artículo sobre la materia que un buen lector no aficionado al béisbol. En la lectura, lo importante es situar el texto en su contexto y si reduces los conocimientos de los estudiantes, estás reduciendo sus contextos».

Otra cosa es la escritura, que a Luri le parece un reto mayor. «Para escribir hay que tener ideas».

La revolución de Misisipi

Desde 2019, 45 estados de EE. UU. y el distrito de Washington han aprobado leyes que exigen que las escuelas o los programas de formación de maestros utilicen estrategias de lectura respaldadas por evidencia. Las nuevas reglas se aplican a cuestiones como el plan de estudios escolar, el desarrollo profesional de los maestros, las evaluaciones para estudiantes disléxicos y los requisitos para las pruebas. La ciudad de Nueva York, el sistema escolar público más grande del país, también ordenó introducir modificaciones en sus 700 escuelas primarias.

Muchos de estos cambios surgieron después de que Misisipi, un estado pobre, con la renta per cápita más baja de EE.UU., reformara sus propios métodos de enseñanza de la lectura en 2013 y sus estudiantes se dispararan en las clasificaciones de puntajes de exámenes nacionales. Los estudiantes de cuarto curso de Misisipi pasaron del puesto 49º en lectura a nivel nacional en el NAEP, al puesto 29º, y una de las reformas que adoptó fue centrarse en la evidencia científica que favorecía, entre otros, al método fonético.

Pero las reformas que funcionan en un sitio, puede que no funcionen en otro. En Europa, durante años, Finlandia ha sido puesta como modelo. Schleicher, el responsable de la OCDE, estuvo durante años recomendando a los países mediterráneos que imitaran la escuela finlandesa. ¿Era la escuela la responsable de los buenos resultados finlandeses en lectura? Hay expertos que sugieren que el motivo era otro: como toda nación protestante, aprender a leer para conocer la Biblia directamente, como predicaba Lutero, era una competencia que se adquiría desde muy temprana edad en el hogar, antes, incluso, de la escolarización. Así que la secularización de la sociedad podría ser un factor más relevante que otros para entender por qué Finlandia está comportándose peor en los rankings de lectura.

Cultura del aplazamiento de la recompensa

Pero a la OCDE le gusta señalar modelos. En diciembre destacó los resultados de Singapur, donde los estudiantes obtuvieron las puntuaciones más altas en matemáticas, lectura y ciencias, con resultados que indican que están en promedio de tres a cinco años por delante de sus pares de la OCDE. En lectura, Irlanda, Japón, Corea del Sur y Taiwán obtuvieron las mejores calificaciones, y fue aún más notable en Irlanda y Japón porque su gasto por estudiante no es superior al promedio de la OCDE. En todos estos países se combina una firme disciplina social y el respeto a la familia tradicional y a sus principios de autoridad. Y una cuestión importante, una extendida cultura de aplazamiento de la recompensa, de concentración de esfuerzos en pos de un fin superior.


domingo, 16 de febrero de 2025

EL SISTEMA INSTITUCIONAL DE EVALUACIÓN "Algunos apuntes para que seas el dueño de tu propio proceso de calificación"



En  este año nuevo escolar deberías comprender muy bien la dinámica de  calificación en tu colegio Jhon F. Kennedy; esto te ayudará a reconocer el proceso de evaluación para que tengas el control total de los progresos en cada una de las asignaturas y áreas, pero además para que prepares mejor tus tareas y trabajos de clase, según lo  requieras.

Claro está que no deberías actuar por la nota, sino buscar tu preparación, ampliar tus conocimientos y desarrollar tus capacidades mentales, físicas y emocionales, pero como a final de cuentas el certificado de notas es el que define tu promoción al siguiente nivel, es importante que estudies el SIE institucional.

Para empezar debes entender el fundamento legal del SIE del colegio:

"Las reglas de juego para la evaluación en el colegio Jhon F. Kennedy están definidas en el Sistema Institucional de Evaluación (SIE). Cualquier estudiante que desee saber cómo se evalúa en la institución, solo debe leer y estudiar el SIE institucional. De todos modos es un deber del estudiante conocer dicho sistema a través del cual van a medir sus desempeños y competencias.

El decreto 1290 de 2009 como fundamento del Sistema de Evaluación en la Institución Colegio Jhon F. Kennedy, responde a la reglamentación de lo que está establecido en la Ley 115 general de educación y la Ley 715, que dictan las orientaciones para que las instituciones educativas reglamenten autónomamente sus mecanismo de calificación de acuerdo a sus necesidades, principios, objetivos y enfoque pedagógico."

También debes saber que la Escala de Valores correspondiente al grado de desempeño alcanzado por ti respecto del conjunto de actividades, tareas y ejercicios realizados durante el periodo, está establecida numéricamente de 1 a 5, y que corresponden cualitativamente a bajo, básico, alto y superior. Siendo claro que la nota mínima aprobatoria para cada competencia es 3.0 (básico).

Por eso es fundamental que le permitas al docente evaluar tu trabajo para que éste pueda asignar una valoración numérica, en otras palabras es necesario hacer lo que se te asigne hacer, así como participar en cada uno de los trabajos, tareas y ejercicios que se propongan. Es un principio, para tu evaluación, presentar todos y cada uno de los trabajos asignados para la clase o si se asigna como tarea. Permítele a tu profesor evaluarte, conocer tus capacidades y valorar tus desempeños.

¿Pero cuál es el fundamento para darle un valor numérico y conceptual al trabajo que realizas para mostrar desempeños alcanzar las competencias? pues está en las características de la evaluación descritas en el SIE y que se convierten en la base para proponer el sistema de evaluación. Dentro de algunas características están: la evaluación debe ser permanente, sistemática, objetiva, formativa, integral, participativa, flexible. 

Así que dichas características de la evaluación tienen implicaciones en tu desempeño y en la nota que recibirás por tu trabajo escolar: Todo es susceptible de ser evaluado por el docente, desde los aspectos del comportamiento, uso de uniforme, puntualidad, desempeño, actitud frente a lo que se le propone, compromiso, hasta la respuesta a cualquier requerimiento del docente. La manera en que un estudiante asume la realización de sus trabajos afecta positiva o negativamente el resultado de su evaluación ya sea por tareas o actividades, por periodos y en la calificación final.

Recuerda que en el SIE se asignó un porcentaje de la nota a cada una de las competencias que se desean evaluar como son el saber, el ser y el hacer. En este orden de ideas, es muy importante el manejo de conceptos, saber definir, la capacidad de explicación, la capacidad de análisis en asignaturas y áreas como español, sociales, filosofía, física cuántica, a diferencia de informática, educación física y artes en las que tiene un mayor valor porcentual para la nota final, la competencia del hacer.

La clave está en saber descifrar cómo funciona la evaluación, porque todo lo que se hace en el periodo apenas es algo en la nota definitiva, y cada tarea pequeña durante la clase se convierte en la nota final del periodo. Si tú dejas de realizar el taller asignado en español, matemáticamente se vuelve en contra de tu nota final, porque cada actividad va sumando -o restando- porcentualmente a la nota definitiva ya sea en la competencia del saber, el hacer o el ser, lo que repercute en la nota final la asignatura o del área.

Bueno, también es cierto que el SIE plantea una evaluación flexible y por lo tanto se desarrollan mecanismos como los planes de mejoramiento al final de cada periodo o las nivelaciones anuales al final del año escolar, pero deberías considerar si realmente necesitas un "chance" cuando no alcanzaste el aprobatorio básico por irresponsabilidad o por falta de compromiso, por falta de disposición o disciplina.

Aquí van unas recomendaciones para comprender el SIE institucional:

1. Por iniciativa propia busca el SIE y has una lectura comprensiva del documento.

2. Pregunta a tu coordinador académico, a tu director de curso o tu profesor de asignatura cuando tengas alguna duda sobre lo que está contenido en el SIE.

3. Dile a tu director de curso que en las direcciones de grado  toquen el  tema del SIE y que hagan estudios de caso particulares que tengan que ver con la evaluación.

4. Lleva control de tus evaluaciones para que puedas hacer tus cómputos y reconozcas la nota que vas a conseguir al final.

5. Nunca dejes de presentar tareas, talleres, trabajos y demás actividades. recuerda que todo cuenta para la nota del periodo, de la asignatura o del área.

6. Participa lo más que puedas en las actividades del aula y del colegio, porque estas actividades, regularmente, son tenidas en cuenta por los docentes a la hora de evaluar al estudiante.

7. Ten presente que durante el periodo algunas actividades sumarán para la nota parcial del ser o del hacer o del saber, y éstas a su ves se conforman de las notas de cada una de las actividades propuestas en la clase (taller 1, taller 2, taller 3...)

8. La nota final del periodo sale de la suma de las notas parciales del ser, saber y hacer, por lo tanto no consideres que con solo presentar el cuaderno al día es suficiente. La evaluación es permanente.

9. Recuerda que 2.9 no es 3.0, es un asunto matemático, por tanto busca la máxima nota y así evitarás la condición del limosnero: -profe regáleme una décima, profe ayúdeme...

10 La nota definitiva aprobatoria del área a final del año, surge del promedio ponderado de las asignaturas que la componen, por tanto no consideres ninguna asignatura como relleno. No es cierto que asignaturas como religión o ética no son importantes, recuerda que son asignaturas, pero a la vez son áreas.

Recuerda que regularmente obtienes lo que te propones y que todo depende en gran porcentaje de ti. Tu situación escolar es producto  de tus decisiones y no de las circunstancias, deja de echarle la culpa al profesor, al estado, a los demás, a la vida, de las consecuencias de tus actos. Y si las reglas están claras desde el principio, no tienes por qué buscar excusas, solo has lo que debes hacer, lo que tienes que hacer en este proceso educativo que tú mismo firmaste a la hora de matricularte.

Con afecto,

Luis Fernando Álvarez Torres
Docente de Humanidades



miércoles, 22 de febrero de 2023

ESCUELA Y VIDA COTIDIANA: UNA MISMA REALIDAD

Siempre ha sido motivo de discusión el sentido de ir a la escuela. La pregunta de si vale la pena las  madrugadas, las horas de estadía en el salón, la asistencia a clases, las formaciones y todo lo que se hace en la escuela, es decir, si sirve para la vida misma, es un interrogante desde mucho tiempo atrás tanto por parte de expertos en educación como de la gente del común, de padres de familia y de docentes.

Los opositores de la escuela como mecanismo social de educación han afirmado que gran parte de lo que se hace y enseña en la escuela no se utilizará en la vida misma, que los problemas de álgebra y algoritmos matemáticos, la lectura y análisis de las obras literarias, las jornadas reguladas por un horario bajo las normas de un docente, se quedan en el salón de clase y en la memoria de los estudiantes como una experiencia traumática. Dicen también que la escuela no es más que un mecanismo político y una estrategia del mundo industrializado y capitalista  para liberar a los trabajadores de la obligación de ocuparse de la educación de sus hijos para que puedan cumplir con las jornadas de trabajo y producción en las empresas.

No obstante lo anterior y con una mirada más objetiva, habría que considerar la escuela como uno de los contextos más reales que existen y donde se viven experiencias que se replican en todos los contextos existentes fuera de ella, pero además permite, bajo la orientación de los docentes, fortalecer las diferentes dimensiones humanas para resolver los problemas cotidianos. En la escuela se aprende a compartir con los demás, a trabajar en equipo, a asumir responsabilidades, a respetar las diferencias y a ser cortés, asuntos fundamentales para vivir sanamente en una sociedad.

                                                       
En la escuela se viven experiencias idénticas a las que se viven en la casa y la calle, y posiblemente no van a ser distintas en el trascurso de los años, tales como enfrentarse a un orden, a unas normas y unos parámetros de convivencia que ya están establecidos y en nada son distintos a lo que se da en la casa y en el mundo cotidiano. Los horarios de asistencia y permanencia en el colegio corresponden a los horarios de entrada a la casa, al banco, al centro comercial, a los servicios de salud y a los  horarios de permanencia en la calle; la obligación de ver las clases de diferentes áreas del conocimiento son similares a las enseñanzas e instrucciones de los padres sobre cómo hacer el aseo del cuarto, modales para comer en la mesa, manera de cepillarse los dientes y en general todas las instrucciones sobre labores de la casa y demás; el orden de autoridad y quienes la representan en la escuela se pueden comparar con el jefe de la casa, el policía en la calle, el gerente en la empresa, el guarda de seguridad y el director técnico del equipo de fútbol del club del cual se hace parte. Las normas pactadas por los miembros de la comunidad educativa y acogidas por todos sus integrantes, o los trámites que regulan los procesos que se deben realizar para sacar un permiso, entregar una tarea, resolver la reprobación de una asignatura, presentar una excusa, no son más que las mismas reglas y procesos que se dictan en el hogar, las normas que expide el gobierno, las condiciones que nos ponemos en el grupo de amigos y las condiciones que asumimos al adquirir un préstamo, un plan de celular o un contrato de trabajo.
Problemas de conocimientos, de convivencia, necesidades de elementos de trabajo por resolver y de interacción con otros, no son tan diferentes entre la escuela y la realidad misma. Nuestra escuela es la realidad misma no es otra distinta. No se pasa a otro estadio cuando ingresamos a la escuela o cuando salimos de ella para la casa o la calle, como se pasa de estar vivo a estar muerto.

Desligar a la escuela de la cotidianidad es alejar a la escuela del sentido y la importancia que tiene para la vida misma. La escuela prepara para la vida, no la recrea, no es un ejercicio teatral, sino que es la vida donde se enfrentan problemas, se vive en sociedad, se construye una imagen, se resuelven necesidades. En la escuela se fortalece el pensamiento, la crítica, la imaginación, la creatividad, las habilidades físicas y artísticas como en la casa se aprende modales, respeto, cooperación, trabajo que luego permitirán resolver el día a día en sociedad. Separar la escuela de la vida misma es considerar que "la escuela es un gran estacionamiento donde se dejan parqueados a los hijos mientras los papás realizan sus diligencias". 

Los problemas y necesidades de la escuela podrán no ser exactamente los mismos problemas de la calle y de la casa, pero se corresponden. Si necesito un préstamo en el banco para resolver una necesidad se corresponde con el préstamo de 1.000 pesos para sacar una fotocopia, comprar un lápiz, etc. Si tengo un problema de desacuerdo con mi compañero es idéntico al desacuerdo con el vecino, con el hermano y tiene un tratamiento para su solución como lo hay en la calle y en la casa; si debo hablar para expresar una idea, una preocupación, se corresponde con hablar a los padres o discutir con los amigos en el parque sobre música, deporte, video juegos. Aprender a desenvolverse en la escuela es aprender a desenvolverse en la vida.

En este orden de ideas se actúa en la escuela como se actúa en la calle y en la casa, no son en el fondo contextos diferentes porque son la vida misma. No hay un mundo en el que solo es válido lo aprendido en la escuela, ni una calle donde no tiene importancia lo aprendido en la casa. Por eso cada situación en la escuela es tan importante que merece la atención suficiente de nuestra parte.  

LUIS FERNANDO ÁLVAREZ TORRES
LICENCIADO EN FILOSOFÍA Y LETRAS
Titular de Humanidades.